Aveces, varias personas presienten el mismo suceso.
Muchas de ellas no tendrán una vinculación directa con la tragedia
prevista, pero otras, como Eryl Mai Jones, serán víctimas de la misma
El 20 de octubre de 1966, esta niña galesa, de 9 años, comunicó a su
madre que había soñado que, al llegar a la escuela, el edificio había
desaparecido: "Una cosa negra la había aplastado"dijo. Al día siguiente
fue a la escuela de Aberfan, y medio millón de toneladas de carbón de
desecho se deslizaron sobre el pueblo minero, matando a Eryl y a 139
personas más, niños en su mayoría.
Después del desastre, muchas personas afirmaron haber tenido
premoniciones. Estas fueron investigadas por un psiquiatra londinense,
John Barker, quien al finalizar su trabajo encontró que 60 de ellas
parecían genuinas. El doctor quedó tan impresionado ante las pruebas de
las percepciones psíquicas de la tragedia, que a partir de aquel
momento colaboró en la organización de la Agencia Británica de
Premoniciones, creada con el objeto de registrar y seguir las
predicciones. Se esperaba que dicho organismo podría advertir con
anticipación sobre desastres similares y salvar vidas, pero hasta ahora
no ha demostrado ser útil. Un intento similar para controlar las
predicciones funciona en Estados Unidos. Existe la previsión de que en
un futuro próximo se producirá un sismo en la falla de San Andrés, y se
espera que, mediante el control de las premoniciones, sea posible
predecir la fecha con objeto de organizar una evacuación masiva antes
del suceso.
Corazonadas,
premoniciones, sueños inquietantes... Con más frecuencia de lo que
pensamos nuestra mente capta las señales de un futuro que se aproxima
inexorablemente.
¿Corresponde este porvenir a un plan diseñado
por una inteligencia superior? ¿Lo creamos nosotros? ¿Es una entelequia
que nos preocupa, pero que no existe realmente? ¿Podemos cambiarlo o
somos simples títeres en manos del destino? Éstas y otras muchas
cuestiones surgen de una pregunta sencilla, pero de importancia vital:
¿Podemos conocer nuestro futuro?
La premonición suma a estas características un matiz de advertencia acerca de un suceso que puede tener lugar en un tiempo más o menos cercano. La palabra profecía, que en su origen tenía un matiz religioso e implicaba a personas inspiradas por la divinidad, suele aplicarse a predicciones de acontecimientos futuros que afectan a las naciones o a sus dirigentes. Las percepciones auténticas del porvenir no son hechos abstractos sino sucesos concretos llenos de detalles, que aparecen en la visión del sujeto como escenas más o menos vívidas y fragmentarias, ya sea durante el sueño o en la vigilia. Así, de los muchos casos recogidos poco antes de que estallara la II Guerra Mundial, la mayoría consistía en visiones de personas conocidas, o de los propios sujetos relacionados con hechos derivados del conflicto.
Existen diferentes formas en las que se manifiesta este fenómeno espontáneamente. Una de las investigadoras más prestigiosas del mismo, la doctora Louise Rhine, estableció una clasificación.
La llamada precognición intuitiva consiste en una idea o pensamiento, sin representación gráfica, que asalta la mente del sujeto. A esta categoría parecen pertenecer las típicas «corazonadas», como las que frecuentemente se atribuían al primer ministro británico Winston Churchill. En una ocasión, durante las II Guerra Mundial, este notable estadista ordenó al personal de la cocina que se dirigiera al refugio antiaéreo, y después volvió con sus invitados.
Una orden aparentemente irracional, en medio de una importante cena con sus ministros. Tres minutos más tarde una bomba destruía la cocina. En otra ocasión, decidió no asistir a una demostración aérea. Hizo bien: un piloto abrió fuego por error sobre la tribuna que él debería haber ocupado. Hubo más de 20 muertos y 67 heridos.
El gran enemigo de Churchill, Adolf Hitler, parecía poseer también un desarrollado «sexto sentido». Durante la I Guerra Mundial, el entonces cabo Hitler tuvo una espantosa visión, mientras descansaba en una trinchera en el frente, en la cual se veía sepultado bajo toneladas de tierra y hierro. Llevado por un impulso inconsciente, se separó unos metros del grupo de soldados con quienes se hallaba y, contra toda lógica, se expuso al fuego cruzado, sin ninguna protección. De pronto, un obús cayó sobre el refugio, que se derrumbó aplastando a sus compañeros. Aquella aparente acción suicida le salvó la vida.
Otro tipo de precogniciones se produce durante el sueño, y son las más frecuentes. Premoniciones de este tipo afirman haber tenido, por ejemplo, la cantante Ángela Carrasco y las actrices Lola Forner y Fedra Llorente. A este tipo se le denomina Precognición imaginaria, también llamada «no realista», que reviste la forma de una fantasía cargada de un simbolismo que la aproxima a la actividad onírica.
Aquí cabe incluir uno de los casos recogidos por la doctora Rhine, en el cual el protagonista soñó que intentaba alcanzar, sin éxito, a un bebé que se alejaba de él inexorablemente. Poco después, el bebé moría por efecto de una enfermedad que, cuando se produjo el sueño, todavía no se había pronosticado.
En la denominada precognición realista, en cambio, las escenas transcurren sin fantasías ni símbolos, poniendo al descubierto una trama verosímil. Tal es el caso de David Booth, estadounidense que durante diez noches consecutivas soñó que un avión de la American Airlines caía invertido y se estrellaba. La reiteración obsesiva de las imágenes le hizo comunicar su premonición al Laboratorio de Parapsicología de su Universidad. Al día siguiente de su última pesadilla, un DC-10 de esa compañía cayó, al revés, sobre el aeropuerto O'Hare de Chicago. Booth comentó más tarde que incluso podía sentir las llamas. Este último caso posee, además, las pautas que distinguen a la mayoría de los sueños precognitivos. Suelen ser recurrentes, se repiten a menudo o conforman la trama de una serie; y son siempre de naturaleza muy realista.
el fenómeno parece ocultarse en otro tipo de experiencias, como ocurre en el dejá vu (ya visto). Son muchas las personas que han tenido esa curiosa sensación de haber visto o sentido antes la situación que están viviendo en ese momento. En la mayoría de los casos, se trata de recuerdos deformados por el tiempo o de imágenes oníricas que surgen de forma espontánea, dando una sensación de familiaridad con lo que está ocurriendo en ese instante.
Sin embargo, en algunos casos el sujeto es capaz de predecir, antes de que ocurra, lo que se va a decir o lo que va a suceder. En estas situaciones, no cabe hablar de recuerdo, sino de precognición, fenómeno al parecer muy frecuente, puesto que algunas encuestas señalan que, de cada 100 personas entrevistadas, en torno al 60% ha tenido experiencias de este tipo.
También las leyes de la mecánica cuántica, hacen del sujeto un factor fundamental ¿Puede entonces la conciencia ser una variable a tener en cuenta? Según el físico Bernard d'Espagnet, «la doctrina de que el mundo está formado por objetos cuya existencia es independiente de la conciencia humana se halla en conflicto con la física cuántica y con hechos bien establecidos experimentalmente». Es decir, según los físicos, no puede decirse que un objeto existe efectivamente hasta que no es observado por alguien. Su naturaleza es sólo virtual hasta que la conciencia establece la conexión. 0 dicho de otra forma: no hay objeto sin sujeto.
Determinadas ecuaciones funcionan perfectamente bien cuando se invierte el signo de la variable temporal, de modo que un Universo en el cual los efectos fueran «anteriores» a las causas es matemáticamente posible, a pesar de que contradiga a nuestro sentido común, Uno se pregunta si ese Universo «al revés» no es una dimensión más de este mismo mundo y si su signo no depende también del observador, en determinadas circunstancias.
Éstas son ideas y conceptos bien arraigados en la ciencia moderna. Pese a que la lógica convencional nos diga lo contrario, según algunos de los más prestigiosos físicos, el futuro no es algo que aún no exista, ni el pasado algo que haya dejado de existir. También el famoso cosmólogo Fred Hoyle cree que nuestra conciencia puede ser informada, o nuestra conducta inducida inconscientemente, mediante señales cuánticas provenientes del porvenir. Más aún: este científico considera que éste es el mecanismo más probable por el cual la «superinteligencia cósmica» programa el presente desde lo que él denomina «el infinito futuro».



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