Valparaíso y sus leyendas

 de Cosmo


LA MISTERIOSA CUEVA DEL CHIVATO


En Valparaíso, en los terrenos que hoy ocupa el edificio del Diario “El Mercurio”, desde 1899, existía una cueva excavada en la roca de singular origen. Algunos vecinos aseguraban que su existencia se debía a cateos mineros realizados en tiempos coloniales; otros pensaban que su origen se debía a causas naturales, posiblemente producto de la continua acción del mar; pero los más creían que su nacimiento obedecía a los invencibles poderes del demonio.
La caverna estaba situada muy cerca de unas peligrosas rompientes en donde el mar azotaba con furia. Se comentaba que allí en ese misterioso lugar, el Diablo, transformado en un Chivo maligno, se acercaba al Océano en busca de sirenas que, de tiempo en tiempo, venían hasta los roqueríos a peinar sus húmedas cabelleras.
LA CUEVA DEL CHIVATO, como se la denominó desde el siglo XVII, tomó posesión en la fértil imaginación del pueblo y se fue transformando en un bullente aquelarre de brujos, con poderes sobrenaturales y pleno de extraños y desgraciados acontecimientos.
Muy pronto la CUEVA DEL CHIVATO tomó dimensiones fabulosas y eran muy pocas las personas que se aventuraban de noche a pasar por su fatídico boquerón.
Ubicada en un rocoso promontorio en el faldeo del Cerro Concepción, la cueva quedaba junto al obligado camino que debían seguir quienes transitaban entre el Puerto y el Almendral o viceversa.
La población porteña aseguraba que, de noche, se aparecía el Maligno transformado en un enorme Chivo dueño de tan potente mirada, que podía hipnotizar y petrificar a sus víctimas impidiéndoles cualquier intento de fuga.
Los que lograban huir, lo hacían tan desesperadamente que morían destrozados entre las abruptas rompientes o escapaban abandonando tras sí todas las pertenencias que portaban.
Al camino que pasaba por la CUEVA DEL CHIVATO se le bautizó posteriormente con el nombre de “Calle del Cabo”, sendero que terminaba en la QUEBRADA DE ELIAS, actual PLAZA ANIBAL PINTO.
Entre los siglos XVII y XVIII, sólo un reducido número de humildes casas, se levantó en el sector que era el paso obligado de jinetes, carretas, calesas y coches. Todos preferían hacer la jornada diurna, porque la nocturna arriesgaba a infortunados encuentros con el “Maligno”. Tanto fue el terror que creó esta leyenda, que en 1814, la policía optó por crear un farolito sobre una estaca para brindar algo de visibilidad al rocoso promontorio.
Casi a fines del siglo XVIII, don Joaquín de Villaurrutia, prestigioso comerciante vasco adquirió todos los terrenos y casas ubicadas en la Calle del Cabo, incluyendo la misteriosa Cueva del Chivato. De inmediato, se procedió a dinamitar el peñón donde estaba situada la caverna para construir los edificios que servirían de bodegas para sus transacciones comerciales. Cuando la fortuna comenzó a sonreírle, también la desgracia comenzó a ensañarse con él. Innumerables problemas políticos, monopólicos y hasta guerreros comenzaron a preocuparlo.
Villaurrutia, logró ser dueño de una fragata con la que deseaba mantener el régimen colonial, pero muy pronto cayó en poder de los patriotas durante gloriosos acontecimientos producidos en 1821. Aún así la mala suerte siguió a la nave la que fue destruida durante un violento temporal que la estrelló en los roqueríos que existían frente a la CUEVA DEL CHIVATO en 1839.
Corría el año 1833, cuando don José Waddington compró una gran parte del Cerro Concepción, incluyendo los terrenos de la CUEVA DEL CHIVATO y otros en la Calle del Cabo, hoy calle Esmeralda. El comerciante inglés ordenó nuevas demoliciones del fatídico promontorio haciendo desaparecer definitivamente la legendaria Cueva.
Según la tradición, los maleficios del antro maldito alcanzaron también la riqueza de Waddington, muerto en 1876, a los 84 años.
Se cuenta que en 1830, un grupo de marineros ingleses ingresaron a la CUEVA DEL CHIVATO, expulsando de ella a un grupo de vagos y delincuentes de la peor calaña, que habían ubicado allí su centro de operaciones, ellos eran y no otros, los autores de todos los delitos atribuidos al “maléfico” chivo.
El 19 de Julio de 1978, un grupo de autoridades encabezadas por el Intendente y Alcalde de la ciudad, procedieron a descubrir una placa recordatoria en el lugar donde existiera la CUEVA DEL CHIVATO.

EL ORIFLAMA, NAVE DE LOS AGONIZANTES

Caían las primeras sobras del 23 de Junio de 1770 cuando en las cercanías del puerto de Valparaíso, fue divisado el bizarro velero español ORIFLAMA, que al mando del Capitán don José Antonio Alzaga y del piloto don Manuel de Buenechea, había zarpado a principios del mismo año, desde el puerto de Cádiz.
El gallardo bergantín ORIFLAMA, bellísima nave española, ingresó al Océano Pacífico impulsada por recios vientos que presagiaron malos momentos a casi 300 pasajeros y tripulantes.
Sucedió que, a poco de navegar, una misteriosa epidemia provocó una horrenda mortandad entre la tripulación, la que se acentuó pronto con una escasez de alimentos que produjo una desesperada hambruna. El Capitán don Juan Esteban de Ezpeleta, que comandaba el velero “Gallardo”, ordenó disparar una salva de cañonazos en homenaje a su amigo el Capitán Alzaga, sin embargo, desde la nave de igual matrícula, nadie respondió el saludo. Ezpeleta ordenó alcanzar al silencioso velero, presintiendo que algo grave ocurría a bordo, pero la noche impidió su empeño. Tan solo al otro día un bote, perteneciente al “Gallardo”, logró abordar al ORIFLAMA... El espectáculo era sobrecogedor, aterrante, macabro; 149 pasajeros y tripulantes yacían muertos diseminados entre los 106 sobrevivientes, casi todos moribundos.
Los marineros del “Gallardo” no lograron imponerse sobre los verdaderos motivos que produjeron tales efectos, porque los que aún daban señales de ida no podían hablar, ni siquiera moverse. Cuando volvieron al barco del Capitán Ezpeleta, contaron las verdaderas razones del silencio recibimiento por parte de la ORIFLAMA y porqué la nave mantenía solamente una vela izada. El Capitán visiblemente conmovido, ordenó el rápido transporte de víveres y medicamentos, eligiendo de inmediato 40 hombres para socorrer a las víctimas de tan brutal epidemia. Cuando la orden comenzaba a cumplirse y los botes estaban prestos a ser descolgados, un violento temporal comenzó a desencadenarse en la bahía y las naves hermanas empezaron a separarse cada vez más. Todo el día el temporal se ensañó con el “ORIFLAMA” y el mar tempestuoso lo convirtió en un frágil juguete de las olas.
Las primeras sombras de la tarde mostraron de él tan solo un destartalado velero a punto de zozobrar que apenas mostraba su arboladura en lontananza.
Pronto sobrevino la noche, una noche de aguaceros y vientos furibundos. Las jarcias y los mástiles rumoreaban una oración extraña y sobrecogedora. La tripulación del “Gallardo” pensaba que el ORIFLAMA estaba irremediablemente perdido, que a esa hora sus escasos tripulantes y pasajeros habrían expirado gracias al viento frío y al aguacero.
Muchos marineros rezaron por sus compañeros y amigos para que Dios se apiadara de ellos y concediera eterno descanso a sus almas. De pronto, sucedió un alucinante acontecimiento: el velamen del ORIFLAMA comenzó misteriosamente a ser izado y rápidamente el viento inflamó sus velas. Tanto y tanto se hincharon que en un breve lapso la “Nave de los Agonizantes” zarpó con rumbo desconocido.
El ORIFLAMA encendió toda sus luces y, así emgalanada, con sus mástiles y palo mayor iluminados, se alejó velozmente noche adentro.
El Capitán Ezpeleta, aferrado al barandal de proa, no podía convencerse de que cuanto estaba sucediendo era realidad...
Así fue como el hermoso velero gaditano: El ORIFLAMA, ingresaba al misterioso círculo de los “barcos fantasmas” que de tiempo en tiempo aparecen a los marinos que surcan nuestro litoral.
El ORIFLAMA frecuenta los puertos nacionales mostrando sus velas hinchadas, plenamente iluminado y con su macabro cargamento de 300 tripulantes y pasajeros muertos. Esta es la historia del bergantín fantasma llamado también la NAVE DE LOS ANGONIZANTES.

LA VIRGEN QUE LLORO SEIS DIAS

En Valparaíso, sobre uno de los muros de adobe tendido de la Iglesia Matriz de Jesucristo “El Salvador” o “Iglesia La Matriz del Salvador” como se le conoce, colgaba una pequeña tela con marco de plata que representaba el sagrado rostro de la “Virgen de la Aurora”. Según cuenta la tradición, la bellísima pintura de la Madre de Jesús, lloró durante seis días con motivo del terremoto que azotó al Puerto en 1822. Gracias a la leyenda, se ha preservado su historia.
Cuentan que durante los días comprendidos entre el 19 y 25 de Noviembre de 1822, la imagen de la VIRGEN DE LA AURORA fue motivo de un extraño acontecimiento. Una tarde, una devota de la Virgen acudió hasta el pequeño retrato para rogarle por el término de tanto sismo y tanta desgracia, al elevar su mirada al rostro de “María” observó que por sus mejillas comenzaban a rodar dos puras y reales lágrimas. Desde ese momento comenzó el llanto de la imagen. Muchas fueron las lágrimas que presenciaron los feligreses de la Iglesia causando su asombro y el de los sacerdotes que acudieron a constatar el hecho.
Comenzaron a formularse numerosas interpretaciones en la turbada mente del pueblo. Los más devotos vieron en las lágrimas de la Virgen, un llamado a la penitencia y a la oración o una clara expresión de dolor por parte del cielo ante los desgraciados movimientos telúricos.
Los porteños abundaron en ofrendas en devoción a la Virgen. A tales excesos llegó el cariño que le manifestaba la población que el pequeño marco de plata con la pintura debió ser trasladado a la oficina del señor cura para su mayor protección.
Hoy en día, la imagen de la Madre de “El Salvador”: la VIRGEN DE LA AURORA, se guarda en la oficina del Cura Párroco, casi olvidada, a más de 150 años del extraño acontecimiento que la hiciera llorar durante seis días y que la trajera al primer plano de la noticia.

EL CRISTO DE LA MATRIZ

En 1630, el rey Felipe II de España, donó a la Catedral de Santiago un hermoso Cristo Crucificado y Moribundo” tallado en madera por un reputado escultor japonés. La singular obra fue donada a manera de desagravio por la profanación de que fuera objeto la entonces Capilla La Matriz, ubicada al pie del Cerro Santo Domingo, por el pirata inglés Sir Francis Drake. El célebre pirata, en vista de la pobreza del botín obtenido en el puerto, apenas 60.000 duros, decidió apoderarse de las vinajeras, un crucifijo y el cáliz de oro, zarpando luego en su carabela de cien toneladas “El Pelícano”. El Rey Felipe II no precisando el lugar exacto de la profanación, donó el crucifijo a la Catedral de Santiago.
La inmensa escultura, arribó a Valparaíso embalada en un gran cajón que permaneció por largo tiempo en el Puerto. Cuando se le quiso trasladar a Santiago, su lugar de destino, la yunta de bueyes que arrastraba la carreta con el descomunal cajón, se detuvo frente a la Capilla de La Matriz y no pudo continuar viaje. El camino que había seguido comenzaba en la Quebrada de Márquez y debería seguir hacia el Cerro Carretas, en dirección a la Capital, pero todos los intentos por zafar la carreta fueron inútiles.
El embalaje pesaba tanto que, lentamente las ruedas del vehículo fueron hundiéndose cada vez más en el barro. Era invierno y la lluvia arreciaba reblandeciendo los caminos... Se decidió agregar nuevas yuntas de bueyes hasta llegar al número de ocho, pero todo fue inútil, la carreta permaneció empantanada justo frente a al capillita de techo pajizo.
Se acordó entonces, bajar el cajón y dejarlo en la Capilla. Apenas éste fue descargando, la carreta zafó. Los cargadores volvieron a colocar el cajón en la carreta, pero cuando estuvo encima nuevamente las ruedas volvieron a empantanarse.
Algunos pobladores, que observaban la extraña operación, propusieron abrir el embalaje y cerciorarse acerca de su contenido. Cuando el cajón comenzó a abrirse, cesó la lluvia torrencial y el viento huracanado que había impedido el traslado, apareciendo la sagrada imagen del “Cristo crucificado y moribundo”.
Muchos feligreses pensaron que el suceso no era otra cosa que un verdadero milagro y se estimó que la imagen debía quedar para siempre en la Capilla porque ese era el deseo expreso de Dios. Desde entonces la bella escultura del CRISTO DE LA AGONIA quedó en Valparaíso.
La imagen es una pieza bellísima y tiene la especial característica de presentar su barbilla reclinada muy cerca del pecho, los ojos apagados por la muerte, las llagas abiertas y la sangre recientemente coagulada.
Desde aquel tiempo la sagrada imagen es venerada y es mucha la gente que asegura que, año a año, el Cristo inclina la cabeza más y más. La tradición asegura que, un día, el crucificado inclinará tanto la cerviz que terminará por quebrársele, ese día se acabará el mundo.

EL CRISTO QUE DETUVO AL MAR

Corría el año 1688 cuando la costa chilena fue afectada por un fuerte sismo y numerosas salidas de mar. Valparaíso sufrió las consecuencias de un terremoto que aterró a tal punto a su población, que muchos corrieron a refugiarse en la Iglesia Matriz de Jesucristo El Salvador.
La gente se percató entonces, que el mar se había salido y avanzaba furioso por la ciudad, amenazando subir las últimas gradas de la Iglesia donde los damnificados rezaban bajo la dirección del Cura Velásquez de Covarrubias.
Ante el inminente avance de las salobres aguas, los feligreses solicitaron al Cura bajar el inmenso Crucifijo del Cristo Moribundo desde el altar en donde se le veneraba, a lo que Velásquez de Covarrubias accedió.
Cuando los feligreses bajaron el Crucifijo tallado en madera, sin dejar de rezar, acudieron con él hasta la puerta de la nave central. Al ser depositado sobre las losas del atrio de la Iglesia, comprobaron, asombrados, que las encrespadas aguas, que danzaban amenazantes a sus pies, comenzaban de inmediato a apaciguarse, a aquietarse poco a poco, a retirarse lenta pero seguramente, tornando a su cauce normal, a su nivel habitual.
El milagro se había producido transformando a la imagen del Cristo en una de las más veneradas de Valparaíso y admirada como la más bella obra de arte que poseyera cualquier Iglesia chilena.
Sin embargo, cuando sucedió el acontecimiento, la capilla se llamaba: “Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro”, nombre que sustentaba desde tiempos coloniales en honor a la “Patrona de Valparaíso”. Sólo desde el 6 de Septiembre de 186, y gracias a un novedoso y desacostumbrado plebiscito popular, la Iglesia pasó a llamarse “Iglesia Matriz de Jesucristo El Salvador”
Este milagroso Cristo Crucificado, debido a la talla de un escultor japonés, en casi sus 350 años de existencia no ha sufrido ningún deterioro natural, en su pintura, por humedad, polilla o tiempo.

EL MARINO QUE ENCONTRO UNA IGLESIA

A fines del siglo XIX, un devoto marino español, de quien solo nos resta su apellido: Casanova, tuvo un premonitorio sueño que día a día se fue transformando en una obsesión.
Una noche, soñó que se le aparecía Jesús y le ordenaba buscar una iglesia blanca que sustentaba un gran crucifijo en su torre y allí hiciera penitencia hasta sus últimos días. Tuvo entonces, la exacta visión de la blanca iglesia con el crucifijo en la torre, tan claramente la vio que logró conocerla de memoria en sus más mínimos detalles.
Lentamente pasando los años, largos años de navegar y navegar en busca de la Iglesia de la visión en la que Jesús le ordenaba hacer penitencia. El Mediterráneo, el Atlántico y el Pacífico lo vieron pasar sin que le fuera posible encontrar la blanca Iglesia. En cierta ocasión, la nave en que trabajaba el marino español, recaló en el Puerto de Valparaíso, solo accidentalmente, y cual sería su sorpresa cuando durante una breve incursión por la ciudad en busca de provisiones, se encontró frente a frente con la soñada Iglesia.
Al verla, el marino cayó de hinojos visiblemente impresionado. Una fuerza misteriosa lo había puesto de rodillas y una luz blanquísima lo enceguecía haciéndolo dudar si estaba vivo o muerto, si había visto realmente su iglesia o si nuevamente soñaba. Poco a poco fue recuperando la vista, frente a él se elevaba grandiosa, la Iglesia Matriz de Jesucristo El Salvador de Valparaíso. Allí estaba sustentando, en su torre de madera, el gran Crucifijo que Jesús le indicara para reconocerla. Allí estaba, con sus albos muros y su gran techo de tejas rojas. Su peregrinaje había terminado.
No volvió al barco. Nadie logró convencerlo para que volviera a ocupar su puesto en la nave que lo esperaba en el puerto, la que, finalmente debió partir sin él.
Casanova se quedó en Valparaíso, extraño lugar que “soñara” en otro continente y que había rastreado a través de todos los mares y puertos. Felizmente, el marino español, además de su oficio, conocía el de zapatero y en una pequeña pieza, donde podía ver la fachada de “Su” Iglesia, comenzó a desempeñarse como remendón. Trabajaba duro todas las tardes y durante las mañanas –desde muy temprano- se dedicaba a hacer penitencia, orando tal como Jesús se lo ordenara en su sueño.
Un antiguo párroco de “La Matriz” recuerda haberlo visto -en sus años de seminarista- ingresar a la blanca Iglesia y dedicarse a su matutina penitencia. Años más tarde, Casanova, el marino español, exhibía una larga barba blanca y una espalda curvada por los años, aún así sobresalía entre los diarios penitentes de la Parroquia por su constancia y por el fervor de su rezo.
Esta es la humana historia de increíbles facetas, del marino español que encontró una iglesia.

LAS LUCES VIAJERAS DEL ALTAR DE LA MATRIZ

La Iglesia La Matriz de Valparaíso, cuna de leyendas porteñas, contó entre sus muchos párrocos a don GUILLERMO RUIZ SANTANDER, santo varón que entre sus muchas labores, se dedicó a quitar el polvo a santos, altares, pinturas y habitaciones.
Desde aquel tiempo recomenzó a hablarse de las bondades de las pinturas que adornaban los muros de la Parroquia, de la valiosa talla del “Cristo Crucificado” y de los personajes y sacerdotes sepultados en los muros y en las bóvedas existentes bajo el altar mayor.
En su afán de limpieza, el párroco, los removió todo, hasta las antiquísimas calaveras deseminadas por todos los lados en el subsuelo, las que fueron exhumadas y reducidas a un espacio menor.
La limpieza general, las reducciones y los numerosos arreglos e innovaciones practicadas en la Iglesia y la Casa Parroquial fueron el motivo de extraños acontecimientos acaecidos durante el ejercicio como párroco de este sacerdote reformado.
Algunas personas, muy pocas, elegidas entre sus mejores amigos y feligreses comenzaron a producirse en todos los recintos de le Iglesia y la Casa Parroquial que el padre Ruiz frecuentaba o habitaba.
Justo a la medianoche, mientras el sacerdote se hallaba en su lecho, podía escuchar pasos de individuos que, sin prisa, paseaban por las habitaciones, cerrando y abriendo puertas y ventanas provocando gran estruendo. Cuando se trasladaba de una habitación a otra, adivinaba junto a él la presencia de seres invisibles que pasaban a su lado rozándolo o recibía su hálito, la gélida brisa que producía su presuroso pasar...
Decididamente: penaban abiertamente y esto podían constatarlo hasta terceros.
Mientras el párroco oficiaba misa dominical , algunos feligreses podían percatarse, atónitos, como recorrían el altar, lentamente, por su largo, ancho y alto, pequeñas lucecitas que nadie podía explicar. A veces, las lucecitas viajeras, provocaban el súbito apagón de un cirio o de todos los cirios de un candelabro sin que pudiera descubrirse el motivo.
El párroco comentaba el extraño suceso de las “luces viajeras” sólo cuando le comentaban o inquirían sobre ellas...¿Qué sucedía realmente? ¿ Cuál era la procedencia de esas luces? ¿ Por qué recorrían el altar sólo cuando el párroco oficiaba la misa dominical?
Nadie lo quería decir, pero todos pensaban que eran mensajes de ultratumba.
Solamente ante sus más cercanos amigos, el padre Ruiz, manifestaba: “ las luces viajeras son un aviso indiscutible de mi próximos deceso.
Y en efecto, al poco tiempo de la desaparición de las “luces viajeras de la Iglesia La Matriz” el párroco don Guillermo Ruiz Santander, el innovador, fallecía.

EL APOSTOL DE VALPARAÍSO

El 11 de Diciembre de 1827, el hermano franciscano Fray Andrés Caro se embarca hacia Valparaíso en la Goleta “Sir Tinxian”, desde el puerto de Cobija, al que arriba después de dos semanas de navegación.
Fray Andrés, se había desempeñado durante 30 años como misionero en Bolivia. Venía de regreso a su “Granada” (España) en donde había nacido el 30 de Enero de 1769. En Valparaíso, debía esperar la llegada de algún buque en tránsito a Europa, pues en esos años no existían los actuales itinerarios.
Finalmente , arribó “El cometa”, un barco que venía en malas condiciones, cuyo destino era el viejo continente. Tanto era el afán de llegar a su tierra natal, que , Fray Andrés, hizo caso omiso a las averías del navío y se embarcó en él.
No había navegado mucho “El cometa”, cuando sufrió la abertura del caso. El capitán se desesperó creyéndolo perdido, pero el santo hermano se acercó a él pidiéndole que pusiera proa al norte rumbo a Valparaíso.
“El cometa” logró arribar a Valparaíso donde no pudo ser reparado y debió rematarse. Fray Andrés pensó, entonces, que su salvación y la de los tripulantes era un verdadero milagro y que había sido Dios quien había permitido su salvamento para que colaborara con las grandes necesidades religiosas que existían en el Puerto.
Fue así como comenzó una exitosa evangelización del lugar y fundó la Casa de Ejercicios del Cerro del Barón.
El religioso de constituyó en el consuelo de todos los enfermos. Nadie fallecía sin la atención de este Santo Apóstol de Valparaíso. Asía pasaron los años entre epidemias de Viruela y Escarlatina.
Para llegar a todos los enfermos que solicitaban su atención, viajaba en una destartalada carreta a través del accidentado relieve. Por aquél tiempo los enfermos de viruela eran conducidos hasta unas pobres chozas en el extramuros de Playa Ancha, donde se les abandonaba a su suerte, lejos de sus familiares. “Solo el Padre Cano no los abandonaba, era como un ángel de consuelo llevándoles auxilio para el alma y el cuerpo”. Curaba a los valiorosos sin temor a sus erupciones pustulosas de las que extraía su pus. Nadie podía comprender cómo no se contagiaba con esa enfermedad tan infecciosa, sin contar con los acontecimientos y medicamentos necesarios, sólo con oraciones y acciones que eran más piadosas que científicas...
Todos creían que estaba asistido por Dios y que en esas convicción residía su seguridad en atender a los enfermos que ni sus propios familiares se arriesgarían a asistir.
Un halo de divinidad guiaba sus pasos transformándolo rápidamente en un ser casi sobrenatural, divino.
Tanto bien realizó el “ Apóstol de Valparaíso” que la autoridad civil dispuso un bote que pudiera a cualquier hora del día, conducirlo entre “El Almendral” y “Playa Ancha”.
Cuando envejeció, y ya no podía caminar, los fieles se disputaban el honor de conducirlo en sillita de manos. Durante 20 años sirvió a todos los necesitados del pueblo. El 18 de Junio de 1844, a la edad de 75 años, falleció siendo enterado de caridad, según consta en los correspondientes libros de la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro, actual Parroquia La Matriz de Jesucristo El Salvador.

PANCHO, EL OTRO NOMBRE DE VALPARAÍSO

En el “Cerro Barón”, perteneciente al Barrio “Almendral”, se eleva la vetusta “Iglesia San Francisco”, uno de los templos más antiguos, queridos y característicos de Valparaíso.
La historia nos cuenta que después de numerosos trámites y estudio se procedió a comprar las 14.000 varas de terreno que se necesitaban para la edificación del Convento franciscano que se componía de una casa de ejercicios, un claustro de dos pisos y una Iglesia. Esto sucedía en 1846, pero los franciscanos recién se trasladaron al nuevo edificio en 1851.
Los trabajos arquitectónicos de los edificios estuvieron a cargo de los padres: Diego Chuffa y Septimio Begamby.
El Templo posee un frontis de cal y ladrillo cuya construcción, posterior a la torre, se realizó en 1891. Todas las construcciones quedaron terminadas recién en 1893.
Su famosa torre, verdadero atalaya de la Iglesia, domina tosa la Ciudad y es visible desde todos los sectores del amplio anfiteatro que es nuestro puerto.
Los marinos la ubicaban desde lejos cuando sus naves recién dirigían sus proas hacia Valparaíso, valiéndose de la Torre de San Francisco como punto de referencia para enfilar sus embarcaciones. Ellos bautizaron por tercera vez a Valparaíso que comenzó llamándose “Quintil” antes de nominársele: Valparaíso.
Los marinos al divisar la rojiza torre de San Francisco exclamaban: allí está “San Francisco” y los menos devotos, pero más cordiales, decían : “Allá está Pancho”.
Ese cariñoso nombre de “Pancho”, fue repitiéndose y escuchado tan seguido y por tanto tiempo entre la marinería, entre la oficialidad y entre la población, que echó raíces populares entre los habitantes que aceptan este “ sobrenombre” con cierto agrado, con infantil delicia.
Así, de pronto, sin que nadie pueda decir desde cuándo, “PANCHO” pasó a constituirse en el tercero y, a veces, único nombre de Valparaíso.
La torre de la “Iglesia San Francisco” del cerro Barón, de más de cuarenta metros de altura, fue durante muchos años el único faro existente para las naves que ingresaban a la bahía porteña. Su campanario posee tres grandes campanas que miden 1,40 metros de diámetro. Están montadas en gruesos caballetes de madera y cada uno de sus Badajoz pesa alrededor de cien kilos.
Este longevo templo, sigue siendo un verdadero atalaya que se eleva hacia lo alto, destacando su presencia como una mano amiga ofrecida por Valparaíso a los turistas y viajeros que arriban a sus lares por tierra o por las azules aguas del Pacífico.

LA PIEDRA AZUL

Subiendo por le Cerro “ Las Zorras”, hoy Cerro O´Higgins y casi a medio camino, existe una quebrada formada por el escurrimiento de las aguas de las lluvias durante largos años.
Los pobladores, que habitaban la cumbre del cerro, acostumbraban tomar la “Quebrada” como un atajo que les permitiera acortar camino y llegar más rápidamente a sus hogares o a sus trabajos.
Todo ese lugar pertenecía a un vecino que se caracterizaba por ser avaro, pendenciero y antisocial. Tanto molestaba a los habitantes del cerro que optaron por circular calladamente para no despertar las iras del malhumorado propietario.
Cuentan los vecinos que un día , un famoso hierbatero, de los muchos que habitaban los cerros porteños en aquellos tiempos, con mucho de médico y de brujo, fue llamado para medicinar a un enfermo y debió pasar con su guía por la célebre quebrada. A poco caminar, apareció el avaro y los increpó duramente, amenazándolos con una enorme piedra.
El Curandero, hombre muy paciente, la respondió. “Tan como esa piedra azul terminarás tus días”, y siguió su camino.
Pasó el tiempo y, el avaro, comenzó a sentir que el cuerpo le pesaba cada vez más y sus brazos y piernas ya no le obedecían . Los lugareños o veían pasar. Asombrados, recordando la maldición del Curandero.
Una tarde, a la entrada misma de la “ Quebrada”, los encontraron desmayado, curvado como un jorobadito, a punto de expirar.
Algunas almas caritativas trataron de levantarlo, pero tan pesado estaba que todos sus esfuerzos fueron inútiles. Vestía de azul y pesaba tanto como una verdadera roca. Así se cumplía la predicción del Curandero.
Al anochecer , al avaro, expiró y milagrosamente se alivianó su cuerpo, sólo entonces se le pudo transportar y brindar cristiana sepultura.
Los pobladores, que continuaron pasando por la “Quebrada”, descubrieron un día que, en el mismo lugar donde falleciera el avaro, afloraba una piedra con manifiestos matices azules.
Día a día , y sin que nadie participara en ello, la piedra surgía un poco más. Tanto asomó a la superficie, que los vecinos creyeron ver en la piedra el cuerpo inanimado del avaro.
Desde entonces se bautizó al atajo con el nombre de “Quebrada de la Piedra Azul” que aún sustenta.

LA SILLA DEL GOBERNADOR

Se cuenta que , en 1759, gobernaba en Valparaíso el tirano Antonio Martínez de la Espada de Ponce de León. En su casa de gobierno tenía una singular silla donde se sentaba para dictar decretos denigrantes y opresivos para los porteños, ganándose el odio de los mismos.
Aseguran que un elevado Cerro, que sólo se ve a veces y que tiene forma de silla con sus brazos y baquetas, fue bautizado con el nombre de la “Silla del Gobernador” como un irónico homenaje a este detestable tirano.
El famoso Cerro nace en la Cordillera de la Costa y termina en la cercanías de Punta de Huesos, de Pichidangui; poco antes de Los Vilos; al noroeste y a 53 millas náuticas de Valparaíso.
Cuentan que dicho Gobernador elevó tanto su rango que no permitía que se le acercaran ni se le viera, lo que ocurría sólo en contadas ocasiones. A tanto llegó su sobreestimación que la gente decía que ere visible “ cuando repicaban fuerte” o cuando llovía, lo que acontecía muy pocas veces en el año y sólo en invierno.
La fama del Gobernador fue como la de ese Cerro que, lejano y solitario, emergía entre la niebla y las nubes solamente antes de un aguacero.
Aún hoy, es visible cuando está totalmente despejado y la Cordillera de la Costa deja ver sus gastadas cumbres de lontananza. Es entonces cuando los porteños, al divisar la inconfundible silueta del Cerro, exclaman: La silla del Gobernador, va a llover.
Y, efectivamente, contra cualquier otra predicción meteorológica , llueve a cántaros. Si no llueve el mismo día de su aparición, lloverá por la noche, al amanecer o al día siguiente ; pero su aviso no falla.
El Gobernador Antonio Martínez de la Espada de Ponce de León, se hizo famoso por su “Contribución de Perros”, disposición en la que obligaba a cada vecino a matar y llevarle dos perros o una perra para acabar con una plaga que padecía el puerto. Para quienes no daban cumplimiento a esta orden había pena de cárcel y cadenas.
Martínez de la Espada, ostentaba el grado de Coronel de Ejército Español y antes había sido Gobernador Militar de Chiloé. Vivía en el Castillo de San José, que era la Casa de Gobernadores y estaba edificado sobre la Planchada, una batería de planchas de madera de la cual proviene su nombre.
La leyenda ha convertido a este lejano Cerro en el mejor barómetro de Valparaíso.
(*) El Castillo San José, construido en 1860 contra Sharp, fue destruido en 19 de Noviembre de 1822 por un terremoto.

LA PRINCESA INDIA DE LA LAGUNA DE LA NEGRA

Hace más de 100 años, Peñuelas no era más que un plácido vallecito de conformación irregular , de 12 kilómetros de largo por 1,5 de ancho. Estaba rodeado de numerosos collados por cuyas laderas se escurrían bulliciosas las aguas de la lluvias.
Esta agua formaban un estero sinuoso que se deslizaba sin premura por un cauce profundo. Los lugareños lo bautizaron con el nombre de del lugar : “Estero de Peñuelas”. Sus aguas se detenían, de pronto, ante un muro natural formado por una altiplanicie que nacía junto a una mediana depresión del terreno, allí se originaba, entonces, una extraña laguna que muy pronto fue el centro de todas las leyendas del lugar.
Extensos bosques y matorrales ocupaban los casi solitarios parajes. La naturaleza había ubicado allí el Edén. Miles de pajarillos venían, día a día, hasta la laguna a saciar su edad y cientos de conejos acudían hasta sus riberas a devorar el terno pasto que allí crecía.
Nadie se explicaba por qué razón las aguas cristalinas, que descendías por las pendientes de las colinas, se tornaban, súbitamente, oscuras y amenazadoras. Muy pocos lugareños se aventuraban a bañarse en la “Laguna”.
Los campesinos, que arreaban bestias montacares o vacas perdidas entre bosques y matorrales, aseguraban que a media noche, escuchaban el dulce cantar de una mujer que acostumbraba sentarse sobre un negro peñón cercano a la ribera de la laguna.
Pocos eran los mozos que aseveraban haberla escuchado. Pocos eran los que podían describir su figura y que habían podido eludir su hechizo.
Los campesinos aseguraban que era una esbelta princesa india de morena tez, muy bella, que peinaba su larga cabellera al par que entonaba dulces y encantadoras canciones. Los mozos, que la escuchaban, eran atraídos por la sensual cantante nocturna que los invitaba a nadar.
Los que consentían, tenían privilegio de gozar de su maravillosa compañía, de regalarse con sus formas perfectas y escuchar su agradable canto. Ellos no sabían que ésa era la última canción que le escucharían , porque la princesa los arrastraría a las profundidades de la laguna en un tierno y mortal abrazo.
Al otro día , del infortunado bañista nocturno, sólo se encontraban sus ropas abandonadas en la ribera.
Se aseguraba que la “Laguna” no tenía fondo y que seguramente, mediante leberínticas galerías subterráneas, se vaciaba en el mar.
Gracias a la leyenda de la Princesa India, la Laguna fue llamada la “ Laguna de la Negra”. Pero a fines del siglo pasado, y debido a la explosión demográfica, se inició una rápida transformación del lugar para almacenar allí toda el agua con que se debía abastecer a la ciudad.
Así fue como debido a las importantes obras ejecutadas en el lugar, la “ laguna del la negra” se convirtió el 21 de Enero de 1901, en el actual “Lago Peñuelas”, que puso término a la temible laguna y a la singular leyenda de la Princesa India.

LA CUEVA DEL PIRATA DE LAGUNA VERDE

Era la mañana del 5 de Diciembre de 1578 cuando el “Golden Hind” al mando del Sir Francis Drake, entró al Puerto de Valparaíso.
Drake , había sufrido una increíble derrota de parte de los indios, quienes lo habían expulsado de la Isla Mocha diez días antes. En esa ocasión, Drake. Había recibido un mazazo en la cabeza y un infortunado flechazo bajo el ojo derecho.
Durante tres días, el corsario y los suyos, permanecieron en Valparaíso desvalijando una ciudad solitaria cuyos habitantes sólo habían atinado a refugiarse en los cerros o internarse en los campos abandonándolo todo.
Fue entonces, cuando no satisfecho con el botín de sesenta mil duros obtenidos, cometió el sacrilegio en la Iglesia “La Matriz” un cáliz de oro, un crucifijo de plata y unas vinajeras.
Cuando comprobó que los víveres y el botín eran suficientes, zarpó rumbo al norte llevándose, como rehén, a un piloto griego buen conocedor del litoral chileno.
Se cuenta que, Drake, al pasar frente a “Laguna Verde”, un lugar costero próximo al puerto de Valparaíso, decidió ocultar parte de sus tesoros en un cueva natural formada en el muro rocoso de la costa cuya entrada siempre estaba defendida por grandes olas.
Esta es la gruta conocida con el nombre de “ CUEVA DEL PIRATA”, y éste es su valioso tesoro que tiene la virtud de cambiar de lugar pues ahora se encuentra en manos de brujos.
El “entierro” pudo ser fácilmente descubierto por cualquiera que hubiese osado buscarlos hasta un año después del deceso del corsario. Pero nadir se aventuró en la empresa...
Se cree que el alma de Drake, y las de sus camaradas de aventuras, no hallarán la paz hasta el que el tesoro sea encontrado.
Muchos pescadores y marinos, que frecuentemente navegan frente a la “ cueva del pirata”, han divisado, por las noches, pequeñas luces azulencas que corren con desesperación a ocultarse el interior de la gruta como indicando el lugar exacto del fabuloso entierro.

LA PIEDRA FELIZ

Antiguamente, al costado izquierdo del Balneario “Las Torpederas”, existía un elevado promontorio formado por negras rocas. Dicho peñón atrajo desde siempre la atención de los suicidas que llegaban hasta él para poner fin a sus días.
Un misterioso encantamiento poseía este abrupto peñón situado al pie del “Cerro Playa Ancha”, en la ladera norte donde se ubica el Cementerio Nº 3. la roca gigantesca atraía a los desheredados del amor, a los desdichados por problemas financieros y a los enfermos incurables.
El pueblo bautizó a ese fatídico atalaya con el extraño nombre de “Piedra Feliz” que muy por el contrario era la piedra de los infelices.
Abajo, allá donde el mar se arremolina, allá donde esgrime sus mil brazos, grandes remazones de huiros y cochayuyos, como los tentáculos de un animal fabuloso, esperan a los torturados... Es el coro de los fantasmas de los cientos de desaparecidos entre esa maleza marina.
Allí está el peñón de oscuro sino, la “ Piedra Feliz” llamando a los suicidas, como una atalaya de salvación para martirizados, para los conturbados espíritus.
Subiendo los peldaños pétreos se llegaba hasta la cúspide, hasta el fatídico zócalo, a la cornisa del enhielo torreón metido en el mar.
Desde arriba, una mirada a la vida y luego el salto hasta las turbulentas aguas, hacia el mundo de los suicidas, donde las aguas marinas agitan sus múltiples brazos en un eterno bullir.
Nadie escapaba con vida una vez tomada la decisión final. Tanta fue la popularidad de la “Piedra Feliz”, ubicada en el popular Balneario “ Las Torpederas”, que un Alcalde ordenó dinamitarla cercenado su cabeza. El decreto alcaldicio restó belleza y patetismo al trágico peñón que, a pesar de todo, aún atrae a los suicidas con una fría pétrea al costado izquierdo de la playa.
El Balneario “ Las Torpederas”, por sobre la inquietante reputación de la “ Piedra Feliz”, sigue siendo el balneario más popular de Valparaíso. Debe su nombre a las lanchas torpederas que, durante la Guerra del Pacífico, tuvieron su base en la acogedora playa.
Hoy la “Piedra Feliz” ha perdido mucha popularidad, otros medio menos románticos, pero igualmente eficaces, le han arrebatado su atractivo, su “encanto”.

LA LEYENDA DE AGUA SANTA

Cuentan que durante la Colonia, en unos de los cerros próximos a Viña del Mar, en su parte más alta, cercana al cielo y desde donde era posible contemplar el Océano se instaló un grupo de padres de la Orden de San Ignacio de Loyola quienes edificaron una pequeña ermita.
Diariamente visitaban a los indios y les hablaban de Dios. Allí, en esos mismos predios, formaron una grey piadosa y un agro con excepcionales labranzas y prodigiosos huertos que les permitirían sustentarse, hacer el bien y vender el sobrante.
La ermita era dirigida por un anciano sacerdote santo y docto, que guiaba al grupo de pastores que cooperaban en su labor pacificadora, cultural y evengelizadora.
El venerable jesuita, aprendía lengua indígena y, además de su enorme labor en beneficio de los aborígenes, estudiaba y clasificaba las plantas silvestres del lugar. Un día fatigado y con sed, se puso a descansar en una ladera. Era verano y el calor era intenso. Las quebradas estaban resecas. Ni un miserable hilito de aguas corría entre las piedras. Desesperado, el anciano, cayó de rodillas e imploró a los cielos, el agua necesaria para beber

EL MONSTRUO DE LA LAGUANA EL PLATEADO

En el camino a “Laguna Verde”, cerca del Refugio del Banco del Estado, esta ubicada la laguna “El Plateado”. Hace muchos años atrás estaba rodeada de bosques, era un pequeño paraíso al que la pajarada acudía en tiempos de anidación para gozar de la paz que la naturaleza podía brindar.
Durante los veranos, los habitantes de Playa Ancha , tratando de cambiar el rutinario panorama costeros, llegaban hasta las refrescantes aguas de la Laguna “El Plateado”.
Muchos fueron los que cayeron victimas del monstruo que habitaba la laguna.
Quienes lo vieron alguna vez, cuentan que era grande como un mantel y albo como una sábana, que su contorno estaba provisto de numerosas garras finas y transparentes, y que toda la extensión de su cuerpo estaba cubierta por un espeso pelaje que, cual mínimos tentáculos, se adhieren al cuerpo de su víctima para sorberles la sangres hasta la última gota.
El caso es que ninguna víctima logró jamás liberarse del monstruo y que, muy por el contrario, éste siempre resultaba victorioso.
La fama de la voracidad de este fabuloso animal comenzó a restar bañistas a la Laguna “El Plateado”.

Bonus track

"La ojota del diablo".

A la vera del camino que va hacia "el bajo de Granizo", en dirección a la Mina "La Opositora", existe una piedra donde está grabada la "Ojota del Diablo".
Se cuenta que, desde hacía muchos años, el Diablo se había posesionado de todo el lugar que, por entonces, era casi un despoblado con una ranchita por aquí y otra por allá, sin calles, sin luz eléctrica, cubierta de matorrales y bosquecillos.
El Demonio hacía de las suyas. A1 crepúsculo, toda la comarca le pertenecía. Ningún indígena o campesino se aventuraba por lo senderillos que recién se trazaban y que eran totalmente borrados por las sombras.
Muchas eran las apariciones que el Malulo realizaba por ese entonces. Empujaba, asustaba y desbarrancaba a los caminantes o despertaba a la pequeña población con ensordecedores ruidos. Tal temor provocaba en los campesinos que junto con encenderse los primeros cirios elevaban también las primeras oraciones al cielo pidiendo protección contra el malvado.
Se dice que para engañar a la incipiente población, el Diablo, se disfrazaba de huaso pobre y calzaba rústicas ojotas de cuero.
En cierta ocasión acompañó a un retrasado agricultor extraviado quien se alegró mucho del encuentro pues creía que juntos eludirían al infernal personaje. De pronto, se hizo tan de noche que apenas podían avanzar entre los matorrales. E1 Diablo se mostraba muy locuaz tratando de despistar a su nueva víctima, pero, como bien se asegura que "por la boca muere el pez", el agricultor que escuchaba atentamente al demonio, observó que al hablar mostraba una reluciente dentadura de oro y que su lengua se encendía como una roja brasa. Asombrado, pero sin maliciar con quien hablaba, exclamó: "Ave María purísima, los dientecitos que se gasta su merced"...
No había terminado su exclamación cuando el Demonio dio descomunal salto cayendo sobre una piedra que había a la vera del camino,la que a su contacto chirrió como aceite hirviendo y cual si fuese un trampolín lanzó lejos, muy lejos al infernal acompañante.
El agricultor vio, atónito, cómo la "Ojota del Diablo" quedaba pegada en la piedra, aún ígnea, despidiendo lucecitas amarillas, azules y rojas y exhalando un fuerte y desagradable olor a azufre.
Desde entonces existe a la vera del camino que va " hacia el bajo de Granizo", en dirección a la Mina "La Opositora", una piedra que ostenta la huella de la descomunal "Ojota del Diablo".

Leyenda el pie de la Princesa



Se cuenta que hace mucho tiempo, a un cura que paseaba por las orillas de la playa del Canelillo, se le aparece una mujer de una gran belleza montada en un caballo blanco, esta le consulta al curita si había visto un joven bañarse en ese lugar; el padre le contestó muy sorprendido que no. Ella entonces tomó su caballo y se internó en el bosque que se encontraba muy cerca del lugar.
El padre contó lo sucedido a algunas personas del lugar, pero estos le contaron al cura que esa chica era un alma que sólo buscaba a su novio que se había ahogado en esa playa.
Según la leyenda, ella quiso salvarlo y se tiro con su caballo a las tormentosas aguas que en ese instante lo eran y que estaban acabando con la vida de su amado; lo único que encontró fue su trágica muerte en su heroica acción.
Hay personas que le han visto en los días de neblina galopando en su caballo blanco por esos largos caminos de la espumosa agua de mar.

El callejón del Diablo



Hace muchos años vivían en Cartagena dos hermanas muy pobres, agobiadas por esta situación y sin poder encontrar solución, decidieron hacer un pacto con el diablo. Pasaron muchos años en que las hermanas gozaron de un buen vivir, pero cuando ya se acercaba el día en que el Diablo las vendría a buscar para llevárselas al infierno, ellas empezaron a arrepentirse de lo que habían hecho y consultaron a un cura para encontrar la manera de salvarse, el cura no lo sabía. Después de titubear un momento les sugirió que construyeran una iglesia y así lo hicieron. Construyeron la Iglesia que queda ubicada a un costado de la playa chica, camino a San Antonio.
Cuando llego el día en que Satanás vendría a buscarlas, ellas se refugiaron en la iglesia que habían construido y este, como no podía entrar hizo trizas el techo de la iglesia y la maldijo, la iglesia nunca mas volvería a tener techo, maldijo también a las dos hermanas convirtiéndolas en lechuzas a las cuales se les ven volando o posadas a los costados de la cruz del altar en noches de tormentas

La Viuda



Cuenta la historia que en San Antonio existía una familia muy unida, en la cual el padre era un pescador. Un día como era normal este salió a la mar en busca del sustento de su familia y su mujer con sus dos hijos salía siempre a esperar el regreso de su amado, pero esta ves el no regreso, una gran tormenta los había atrapado.
La viuda nunca acepto la muerte de su amado y como era habitual se paraba en la punta del cerro a mirar el mar esperando que la esta le devolviera al padre de sus hijos, un día la viuda no soporto la tristeza y le pidió a dios que la convirtiera en piedra a ella y a sus dos hijos.
Esta piedra se encuentra ubicada en los altos de Llo-Lleo, en el patio de la escuela que lleva el nombre de la leyenda. Los pobladores del lugar cuentan que cuando construyeron el colegio trataron de dinamitar las piedras pero estas no se destruyeron, solo una lagrima de sangre salió por una de ellas.

Leyenda La Cueva de los Piratas



Cuenta la leyenda de una cueva ubicada en los roquerios de la Caleta de Cartagena, la cual era utilizada por los piratas para esconder los tesoros que estos robaban a la corona .
El acceso a esta cueva hoy se encuentra obstruido por un muro de cemento, pero los pescadores del lugar cuentan que esta cueva llegaba hasta San Antonio y que los espíritus de los piratas aun habitan la cueva, escuchándose en algunas noches sus risotadas y se ven también luces de antorchas.

|

Comentarios

WOOOW MUy BUENA ! me encantarOn las leyendas ..encerio muy buenas te felicithO--!!     me sirvieron arto para teatrO..en el cOlegioOH ...MUY BUENAS :D

Responder

Me gustan las leyendas....o tal vez las leyendas de pricesas y las de sapos.... 

Responder

hols graxias me facilitaron mi trabajo de filosofia

Responder
Excellent blog you have got here.. It's hard to find high quality writing like yours nowadays. I really appreciate people like you! Take care!!
Responder
Hi there, its pleasant article on the topic of media print, we all be familiar with media is a great source of information.
Responder
First of all I would like to say superb blog! I had a quick question in which I'd like to ask if you don't mind. I was curious to find out how you center yourself and clear your thoughts prior to writing. I have had difficulty clearing my thoughts in getting my ideas out there. I do enjoy writing however it just seems like the first 10 to 15 minutes are usually wasted simply just trying to figure out how to begin. Any recommendations or hints? Many thanks!
Responder
Do you have a spam problem on this blog; I also am a blogger, and I was curious about your situation; we have created some nice procedures and we are looking to trade methods with other folks, be sure to shoot me an e-mail if interested.
Responder
My programmer is trying to convince me to move to .net from PHP. I have always disliked the idea because of the costs. But he's tryiong none the less. I've been using WordPress on numerous websites for about a year and am worried about switching to another platform. I have heard good things about blogengine.net. Is there a way I can transfer all my wordpress content into it? Any help would be greatly appreciated!
Responder

Hola! tines alguna fuente de las leyendas escritas? o las inventaste? saludos!!! estoy tratando de hacer un compilado de leyendas de laquionta región, por eso te pregunto.

Responder
Great blog here! Also your website loads up fast! What web host are you using? Can I get your affiliate link to your host? I wish my site loaded up as fast as yours lol
Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar